jueves, 15 de junio de 2017

Morir hoy

Hace tanto tiempo que no escribo en mi pequeño rincón que incluso se me hace extraño estar de nuevo con la plantilla de blogger abierta. Demasiado tiempo. Diría que no tengo excusa, pero sinceramente he estado en demasiadas cosas y el blog ha ido quedándose poco a poco y cada vez más en un segundo plano. Nunca se me ha pasado por la cabeza cerrarlo porque al final siempre regreso, porque este es mi rincón al fin y al cabo, un lugar donde siento que puedo compartir pedacitos de mí misma.
Ni siquiera sé cómo titular esta entrada. Llevo casi un año inventando títulos para artículos y en cierto modo es mucho más fácil que esto, que poner una línea ahí arriba que resuma algo que ni siquiera sabes bien qué es, que no habla de cosas externas, sino de ti. Eso es muco más fácil, hablar de otros digo, analizar algo que no te pertenece.

En realidad no pensaba subir esta entrada, pero algo me ha traído aquí y aquí estoy. Tranquilos, esta no va a ser una parrafada en la que os cuento qué ha sido de mi vida porque, seamos francos, tampoco es que me guste hablar en público de mi vida. Sólo diré que me he visto involucrada en proyectos maravillosos que me han traído grandes cosas, que he tenido mis crisis y mis luchas, como todos, y que sigo escribiendo, por supuesto. Eso siempre.
Estoy cerca de terminar el Poryecto Alaska (#proyectoalaskalt) y tengo muchas ideas para muchas más historias. Ando pensando en retomar la fantasía con una novela corta y también pienso en escribir algo en lo que poder ser la cafre que en el fondo soy, con protagonistas zumbados y un mundo más zumbado aún, pero el tiempo ya dirá qué ideas salen adelante y cuáles no.

El caso es que estaba hurgando en mi carpeta de proyectos y sus innumerables archivos y he dado con algo que ni siquiera recordaba haber escrito, ya sabéis, una de esas escenas de historias que nunca serán escritas, que no son relatos, sino más bien fragmentos, cosas que necesito sacarme de la cabeza y acaban convirtiéndose en un diálogo entre dos personajes, o en un párrafo de diez líneas sobre cualquier cosa. A veces esos fragmentos son tan cortos que puedo compartirlos en twitter (#LTPieces), y otras son algo más largos.
Hoy os traigo uno de esos últimos. No dura más que un suspiro, pero quería ponerlo aquí. 
Se titula: "Morir hoy".

Ilustración de Pheberoni



—¿Jacobs?
Aquel idiota nunca me llamaba por mi rango. Nunca decía «comandante Jacobs», sólo Jacobs. Era de esa clase de tíos con la mirada fría y la voz amable, de esos que nunca soltaban una palabra fuera de tono pero que te arrancaban la mitad del nombre sólo para que supieras quién mandaba realmente. Yo era comandante. Había sudado, sangrado y sufrido cada maldito día de mi vida para no ahogarme en la inmundicia de las colonias, para salir adelante, para sobreponerme a todos esos cerdos que se creían mejor que yo sólo por lo que tenían entre las piernas. Años enteros eliminados de un plumazo como si nunca hubieran existido. 
«Jacobs», me llamaba.
—Jacobs, ¿ha oído la pregunta que acabo de hacerle?
—Quiere saber lo que pasó en Kirat —afirmé yo. Sentía la saliva espesa. Necesitaba un cigarrillo—. Se mandó un informe a la agencia. Léalo.
—Lo hemos hecho, pero queríamos saber los sucesos de primera mano.
—Para eso tendría que haber estado en Kirat, y no recuerdo haberle visto allí, señor…
—Agente McKinney.
 —McKinney. —Escupí cada letra—. ¿Puedo fumar, McKinney?
—Señorita Jaco…
—Comandante.
—¿Cómo dice?
—No está hablando con una civil. ¿No le han enseñado el protocolo o es que simplemente es un maleducado de mierda?
—Comandante —Sonrió sin simpatía. (Me odia. Le gustaría abofetearme). Yo también sonreí—. ¿Podría relatar qué fue lo que sucedió en la base de Kirat?
—Nos masacraron. Eso fue lo que sucedió. ¿Puedo fumar?
—No está permitido. —McKinney ignoró mi suspiro de exasperación—. Ahora, por favor, ¿podría contarme qué sucedió exactamente?
Vi las luces parpadeando como si siguiera en la base subterránea, el peso del traje, aquel olor inmundo. Volví a oír a mi equipo por el auricular. Todos gritaban, pedían ayuda mientras yo intentaba alcanzarles, pero estaba la oscuridad y ese ruido, un chillido capaz de desgarrar carne, tendón y músculo. El sonido se te metía en la cabeza como un gusano que hurgara entre tus sesos, arrastrándose dentro de ti mientras tú te encogías en el suelo suplicando que todo acabara. Eso fue lo que yo hice. Me quedé allí gritando hasta que el dolor desapareció y pude levantarme, pero entonces ya era tarde.
Eso fue lo que le conté a McKinney. Le dije que ni siquiera sé cómo logré encontrar la salida, que tuve suerte.
Mentí.
La verdad es que Jim Vaus, el experto en seguridad que formaba parte de mi equipo, todavía sostenía el mapa táctico en la mano mientras intentaba comprender por qué no podía levantarse, por qué había tanta sangre y carne saliendo de su estómago. Vaus no me reconoció cuando le hablé, no veía más allá de su propio horror, de la muerte que se le venía encima, así que le quité el mapa y le dejé sólo con aquella mirada confusa, como si tratara de encontrar la respuesta a una pregunta que sólo él conocía. No puedo ayudarle, me dije, y probablemente así era, pero aquella expresión en la cara de Vaus se me quedó grabada, esa sorpresa indignada, como si quisiera gritarle a Dios: «Eh, capullo, te has equivocado. A mí no me tocaba morir hoy».
McKinney no necesitaba saber nada de eso, así que conté mi historia como me habían enseñado a hacer, justificando mis decisiones como comandante, concretando las posiciones de cada miembro del equipo, detallando nuestro plan. Yo era quien había organizado la partida a Kirat, después de todo.
Se suponía que tenía que saber todas aquellas gilipolleces.

viernes, 10 de marzo de 2017

Gillian Flynn, "Leave the crazy downstairs"


Hoy, en mi segunda entrada de #AdoptaUnaAutora, vengo a hablaros un poco más de Gillian Flynn, la autora cuya segunda novela reseñé en la entrada anterior. A través de entrevistas y diversas páginas he ido recopilando datos curiosos de ella que me gustaría compartir con vosotros, pero antes, un poco de información introductoria:

¿Quién es Gillian Flynn?

Escritora y una absoluta amante del cine, Flynn nació hace 46 años en Kansas City (Missouri), hija de profesores, heredó el amor por el séptimo arte de su padre, y pasó su infancia entre novelas y películas. Ambas pasiones nunca se desvincularon para ella, pues una vez se licenció como periodista comenzó a trabajar la revista de cine Entertainment Weekly, donde estuvo diez años y gracias a lo cual visitó numerosos sets de películas por todo el mundo, entre el que se incluía el del “El señor de los anillos”, trilogía y novelas de la que Flynn se reconoce como una gran fan.


lunes, 9 de enero de 2017

Lugares Oscuros - Gillian Flynn

En esta, mi primera entrada para el proyecto Adopta una autora (al que deberíais echar un vistazo si no lo habéis hecho ya), vengo con una reseña de mi autora adoptada, Gillian Flynn.
A los que me conozcáis nos habrá pillado por sorpresa que haya escogido a Flynn, pues hace tiempo se convirtió, no sólo en mi autora favorita, sino también en la que más ha influido en mi escritura junto a Flannery O’Connor. El libro del que vengo a hablaros hoy “Lugares oscuros”, fue el segundo que publicó Flynn y el último que he leído de ella.
Lugares Oscuros trata sobre la familia Day, concretamente del asesinato de todos sus miembros excepto Libby Day, la única superviviente junto a su hermano Ben, acusado de los asesinatos. La historia comienza veinticuatro años después de la masacre, y nos encontramos con una Libby adulta que, debido a ciertos sucesos, se ve llevada a investigar si realmente fue su hermano el responsable de los asesinatos.
Durante los primeros capítulos la única protagonista será Libby, y en ellos se nos presenta al personaje y la situación que la lleva a retomar la investigación por su cuenta, pero posteriormente tendrán lugar continuos saltos atrás en el tiempo, antes de que los asesinatos sucedieran, y tanto Ben, el hermano, como Patty, la madre, tomarán protagonismo intercalándose con Libby. A través de ellos iremos descubriendo qué clase de familia eran los Day, sus problemas, miserias y preocupaciones, y aquí es donde realmente brilla Gillian Flynn.

domingo, 4 de diciembre de 2016

De NaNos, autoras adoptadas y chicas gamers

Bienvenidos al primer update de La vieja Morla. Bueno, en realidad no es el primero, habré hecho muchos desde que abrí el blog, pero hoy estoy espesa y llamarlo "entrada donde recopilo cosas de mi persona sobre las que quiero hablaros" no me parece un título muy acertado. Pero vamos al lío que como no me controle empiezo a enrollarme y me planto en las mil palabras sólo de introducción.

Lo primero de lo que me gustaría hablaros es del NaNoWriMo.
Como recordaréis por esta entrada, participaba con la novela que actualmente estoy escribiendo y que de momento he llamado "Proyecto Alaska" (#ProyectoAlaskaLT). No, no he conseguido terminar el reto de las 50k, algo que empecé a temer tras la primera semana y que acepté tras la segunda. La primera vez que participé (en 2014) terminé antes de tiempo y pensé que en esta ocasión me sucedería algo parecido, pero durante el 2016 se han producido algunos cambios drásticos en mi manera de escribir, o en "mi voz", como prefiráis llamarlo, y eso ha conllevado un rendimiento menor en cuando a número de palabras se refiere. Tardo más en escribir y me saturo antes, pero ese es el precio de la evolución, supongo, al menos en mi caso, y de momento estoy satisfecha. No estoy muy segura de a cuántas palabras me quedé de las 50k cuando el NaNo concluyó, pero creo que fueron unas 13 o 14k. Muy poquitas como veis (?)
A lo largo del NaNo fui compartiendo algunos fragmentos y citas de la historia, recogidos en el hashtag que tenéis arriba. 
Aesthetic de uno de los protagonistas.

domingo, 30 de octubre de 2016

NaNoWriMo 2016: Proyecto Alaska

Hace tres días yo no tenía planeado estar aquí, escribiendo esta entrada. Hace tres días estaba en el final de una etapa complicada, pero yo no lo sabía. 
Empezar una nueva novela es todo un acontecimiento para mí. Durante ese día procuro estar relajada, familiarizarme con la historia, repasar el guion, y mentalizarme. Me pongo bastante nerviosa antes de empezar, siempre de noche y habiendo limpiado y ordenado mi escritorio de antemano. Todo tiene que estar como yo quiero y, por supuesto, debe haber una taza de café frío a mi lado. Entonces respiro hondo, abro un documento word nuevo, preparo todas las carpetas y documentos que necesitaré para consultar mientras escribo y permanezco un largo momento con las manos en el teclado, mirando la hoja en blanco. A veces son minutos enteros hasta que encuentro la frase adecuada, el golpe con el que iniciar el largo viaje que supone escribir una novela.
Este es un ritual que he repetido siempre, excepto el viernes pasado. Ese mismo viernes en el que decidí que los calvarios creativos y los bloqueos que había estado viviendo desde antes del verano se iban a acabar de una vez por todas. Calvarios que no me permitieron escribir, pero sí crear.
El Proyecto Alaska es algo en lo que he estado trabajando todo el verano. Y para mí, de alguna forma, significa un nuevo comienzo. Cuando terminé el guion, un guion de 28.500 palabras al que le puse mucho mimo y esfuerzo, no fui capaz de empezar a escribir. El bloqueo estaba en mi vida. 
Qué bonito.
Sin embargo, el viernes algo cambió en mi cabeza y decidí tirarme a la piscina con la ropa puesta. No le di la importancia habitual al hecho de empezar una novela, no me mentalicé, simplemente repasé algunos datos y a la una y media de la madrugada escribí las primeras 400 palabras de este proyecto después de cinco meses sin escribir una sola de algo que verdaderamente me llenara. 
Cinco meses.
No sé si eso a vosotros os parece mucho o poco tiempo, pero para mí es una vida entera. Cuando no soy capaz de escribir y transcurre tanto tiempo en mi cabeza empiezan a pasar cosas malas, y yo me vuelvo una versión que detesto de mí misma. ¿Sabéis cuando en Silent Hill entras en una habitación normal y de pronto empiezan a oxidarse las paredes, aparecen monstruos y todo se vuelve oscuro y chungo que te cagas? Pues con esa imagen os hacéis una idea.

jueves, 13 de octubre de 2016

Reflejos en un ojo dorado

Comencé el mes de #LeoAutorasenOct terminando una novela de Lois MacMaster Bujold que no me ha entusiasmado particularmente y he continuado con "Reflejos en el ojo dorado", de Carson McCullers, que he leído en LC junto con Omaira y Nuria.
Hacía tiempo que quería leer a la autora por pertenecer al género gótico-sureño del que ando enamorada desde hace tiempo, y porque tenía la impresión de que su estilo me recordaría a de Flannery O'Connor, autora de la que hablé en esta entrada. Afortunadamente acerté, y mi primer contacto con McCullers ha sido prometedor.

«En el momento en que se espera un desastre inminente y desconocido, la mente se prepara de un modo instintivo abandonando por unos instantes la facultad de sorpresa. En ese momento la sensibilidad parece agudizarse y entrever, como en un calidoscopio, todas las consecuencias del desastre; y cuando este se produce creemos que, de algún modo sobrenatural, ya lo habíamos previsto»

La breve historia de "Reflejos en el ojo dorado", escrita por su autora sin una pretensión real de ser publicada, sino más bien para disfrute personal, nos sitúa en una base militar y se centra en el matrimonio de los Langdom y los Penderton, ambos unidos por una extraña y fría amistad, sobre todo teniendo en cuenta que el coronel Langdom mantiene relaciones con la señora Penderton, Leonora, y tanto el capitán Penderton como la esposa del coronel, Allison, son conscientes de ello.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Letras con nombre de mujer

Estar en twitter tiene sus ventajas más allá de compartir frustraciones, pasiones y gifs. A veces ves cosas que te alegran el día, iniciativas que comienzan siendo una mera conversación y acaban arrastrando a muchísimas personas por una causa buena y con sentido. Yo no he tenido el honor de haber participado en la creación de ninguna de las que voy a comentar hoy aquí, pero para mí es una obligación casi moral el hablar de ellas en mi espacio y aportar mi granito de arena a su difusión. Ambas iniciativas tienen un tema en común, una lucha común, un propósito común: leer y dar visibilidad a autoras. No importa la nacionalidad o el año de nacimiento, ni si han sido publicadas de manera independiente o con grandes o pequeñas editoriales, sino hacerlas visibles (digo "hacerlas", pero yo, como autora y mujer que soy, me autoincluyo entre ellas), quitar ese muro que todavía sigue existiendo cuando se trata de igualdad, muro que todos, tanto editoriales, como lectores, hemos construido y que, con ayuda de iniciativas como estas, puede ir desapareciendo poco a poco.